El desastre oaxaqueño

4 de octubre del 2009, Misión24.com  
Sección: Columnas

Mario Arturo Mendoza Flores (*)
para columna mario Si algo nos identifica a los oaxaqueños, sin duda que es nuestra solidaridad ante los desastres. Ya sea un terremoto, incendio, inundación o cualquier otra tragedia en la que se halle involucrado uno de los nuestros. De inmediato nos organizamos y nos unimos para proporcionarle nuestra ayuda y apoyo solidario. Hay varios hechos recientes que así lo demuestran. Pero además lo hacemos por convencimiento de que es por un objetivo y un bien superior. De ahí que cuando nos juntamos para superar ese desastre, no preguntemos a qué religión, clase social o a qué partido político se pertenece. Prevalece por encima de cualquier otra razón  el deseo de actuar  cuanto antes para salir de esa situación agobiante en la que vive nuestro prójimo. Hasta el día de hoy, siempre ha sido la solidaridad de la ciudadanía la que ha triunfado ante cualquier desastre natural.
 Y hoy Oaxaca enfrenta uno de sus peores desastres; sólo que este no es de origen natural. Tiene sus antecedentes en décadas de malos gobiernos que se han aprovechado de la nobleza de los oaxaqueños para saquearlo, agraviarlo y rezagarlo. Miles de oaxaqueños viven su tragedia diaria: no tienen empleo, no tienen acceso a la salud, mucho menos a la educación, la mayoría no tienen un techo donde vivir y lo más delicado, no tienen un pan que llevarse a la boca. Es ese desastre gubernamental lo que no está uniendo; y nos está convocando por encima de ideologías, pues está prevaleciendo el objetivo superior de rescatar a Oaxaca de esa enorme tragedia en la que se encuentra. Como en todo desastre, son los más próximos al fenómeno registrado los que sabemos qué y cómo hacerle para combatirlo. De ahí que cuando uno escucha comentarios y opiniones de quienes no son parte de ese desastre, uno se pregunte: ¿acaso son ellos parte de esta enorme tragedia? y me refiero a prestigiados comunicadores como López Dóriga, Fernández Menéndez, Carlos Marín, entre otros más que sin vivir este desastre en que se ha convertido la forma de gobierno oaxaqueño, se atreven a descalificar cualquier intento de organización y de unión. En forma extraña sus valiosas plumas pretenden descalificar ese rescate urgente, que por apremiante  no acepta ni dilataciones, ni egoísmos.
 Yo entiendo de ideologías y de colores; por eso les digo a esos señores que vengan a escribir sus columnas desde una comunidad de la sierra, de la mixteca, de la cañada, del valle, de la costa…¡de dónde sea!, finalmente en todas nuestras regiones se observa lo mismo. Pues  así se darán cuenta del desastre oaxaqueño y sólo así entenderán el por qué hoy los oaxaqueños nos estanos uniendo en torno a una alianza que va más allá de querer sacar al autor material de esta tragedia, del poder (no del gobierno, pues han decidido no gobernar) que hoy usufructúan para si mismos y para un reducido círculo de incondicionales. Es el afán superior por restituirle a nuestro estado la justicia social, las oportunidades de progreso, el desarrollo económico, su honestidad y su transparencia lo que hoy nos está uniendo. Y si leen con detalle lo que nos une, podrán concluir que se trata de los objetivos que todos los institutos políticos enarbolan como principios básicos, así que por qué tanto escándalo cuando todos coincidimos en lo básico, cuando resulta prioritario encontrar las cosas que nos unen, en lugar de alentar aquéllas que por décadas han buscado separarnos y que hoy forman parte de éste enorme desastre social.
 Pero además, hasta donde sé; a excepción de uno de ellos, esos descalificadores columnistas, ni siquiera son oaxaqueños y lo paradójico, ni uno sólo de ellos vive siquiera próximo, a como vivimos miles que sí lo somos. Su prestigio es tan grande, que el contratar sus servicios se cotiza en millones de pesos; de ahí que sólo el que pueda pagarles sus altísimos honorarios tenga la facilidad de solicitarles lo que les conviene que se difunda, aún cuando su contenido sea contrario a lo que opinen la mayoría de los directamente afectados. Por eso no resulta extraño que uno de sus principales clientes lo sean precisamente esos malos gobiernos, autores de esos grandes desastres; los que sin chistar abren las arcas públicas para contratarlos para pretender distorsionar lo que ante sus ojos resulta imposible: la unión de los ciudadanos.
 En su afán por distorsionar la realidad, se les olvida que con su  proceder ellos mismos pasan a ser parte de aquello que con tanto ahínco intentan denostar, y terminan uniéndose en sus comentarios,  aún cuando sus lectores los ubiquen con líneas diferentes; lo que a su vez viene a confirmar la sospecha, de que aquéllos que dicen no estarlo, sí están  muy preocupados por lo que sucede en Oaxaca; a grado tal que nos les importa abrir la chequera para detener lo que a todas luces, y ante los ojos de la ciudadanía, ya resulta imparable. De ahí que hoy veamos a connotados priístas asumiéndose como panistas, perredistas, petistas o convergentes para descalificar lo que los auténticos militantes de esos partidos vemos con buenos ojos. El desastre al que han llevado a Oaxaca, hoy amenaza con alcanzarlos y eso les quita el sueño; eso los mueve a operar mediáticamente para ver si así logan confundir al pueblo oaxaqueño que inteligentemente ha decidido unirse –como siempre lo ha hecho– para ir al rescate del estado oaxaqueño. Ya falta poco para volver a levantar todo lo que esos malos gobiernos han derrumbado cual terremoto con sus injusticias, falta de sensibilidad, soberbia, corrupción, autoritarismo, represión y desprecio. En forma por demás natural, se comienzan a formar brigadas de oaxaqueños para iniciar las acciones correspondientes para ir en apoyo del pueblo que hoy vive una de sus más grandes tragedias. La unión y la organización de la sociedad civil, va más allá de ideologías, credo o estatus social; nos mueve la determinación por rescatar al estado del desastre que malos gobiernos priístas le han provocado.
 Un objetivo superior, es lo que nos une.
 (*) Presidente del C.D.E. de Convergencia en el estado de Oaxaca.

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